sábado, 31 de marzo de 2018

“EL TEOREMA DEL RIESGO DE DESASTRES” PARA COMPRENDER LA RESILIENCIA

Por_ Henry Adolfo Peralta 
Ing. Civil & Magister en Educación
Gerente General Soluciones Resilientes
"Sólo aprende verdaderamente aquel que se apropia de lo aprendido, transformando lo aprendido, para reinventarlo. Aquel que es capaz de aplicar lo aprendido-aprehendido a situaciones existenciales concretas. por el contrario, aquel que es “llenado” por otro de contenidos, sin que sea desafiado no aprende".
Paulo Freire en la Pedagogía del Oprimido.
Varios autores han planteado diversas maneras de expresar el riesgo de desastres como función de la amenaza y la vulnerabilidad, tal como: R= f(A, V). Este tipo de expresiones son utilizadas para simplificar la complejidad y entender los elementos que lo componen como punto de partida para su estimación. Otras formulaciones como R=A+V,  o R=A x V x E, donde la E es exposición, han sido usadas para estimar el riesgo. También se han aplicado expresiones más complejas, empleando ecuaciones matemáticas, formulaciones lógicas, hasta redes neuronales, etc. Sin embargo, todas parten de la formulación básica inicial (R=A x V). Cada una tiene sus propios argumentos para introducir y combinar variables desde su área disciplinar, así como en los contextos territoriales. 

El concepto de riesgo es intrinsecamente dinámico, y obedece a un contexto en particular. Las propuestas para entenderlo representan aportes a la construcción de conocimiento, especialmente si buscan reducirlo. En la actualidad la expresión R=(A x V)/C se posiciona de manera clave en el campo disciplinar de la gestión del riesgo de desastres. En esta C hace referencia a la capacidad o la resiliencia.  


Una manera didáctica de aproximarse a lo que significa el riesgo de desastres y de dar valor a la resiliencia, es a través de la “aritmética del riesgo”. La aritmética es el área de la matemática que tiene como propósito de estudio los números y las operaciones elementales, como la suma, resta, multiplicación y división. Estas son la base sobre la cual se sustenta la realización de operaciones más complejas del algebra y el cálculo. 

Así como estas cuatro operaciones son las básicas de la matemática, de manera análoga en la gestión del riesgo de desastres, los conceptos de amenaza, vulnerabilidad, riesgo y resiliencia, son la base para comprender y sustentar las acciones de gestión del riesgo de desastres. 


En la expresión R=(A x V)/C, cuando R (riesgo), se sale de control divide las posibilidades y los actores del desarrollo.  Mientras tanto en el numerador A (amenaza),  multiplica y potencializa a V (vulnerabilidad). Esta última a su vez, resta a la sostenibilidad, a la seguridad, a la continuidad de la vida territorial y de los negocios. Mientras tanto la resilien­cia o las capacidades, es decir C, en el denominador, suma a las posibilidades de permanencia y aumenta la convivencia pacífica entre la sociedad y la naturaleza.


Si cada uno de los cuatro factores de la gestión del riesgo de desastres, se asociaran a palabras más cotidianas, sería aún más fácil aplicar esta expresión a la vida práctica.  De la misma manera sería factible eliminar la constante confusión entre el concepto de riesgo y amenaza. Aún hoy en día de manera frecuente se usan estos dos conceptos sin ninguna distinción, como si tuvieran el mismo significado.  


Una manera de tener una mejor comprensión de la evaluación del riesgo, es posible mediante el uso de palabras de uso más cotidiano. Por ejemplo, la palabra peligro (Pe) puede reemplazar a amenaza (A),  debilidad (D) a vulnerabilidad (V), resiliencia (R) a capacidad (C) y  pérdidas (P) a riesgo (R). La nueva expresión sería: P = (Pe X D)/C, es decir, las pérdidas potenciales son el producto de multiplicar los peligros y las debilidades, divididos por las capacidades.


Como anécdota del uso de expresión para explicar la valoración del riesgo en una de mis conferencias en Colombia, un participante se levantó y pidió la palabra. Me dijo que además estar liderando la gestión del riesgo en un municipio, tenía formación profesional en matemáticas y que tenía un comentario para hacer sobre la expresión presentada: se preguntaba ¿Qué pasaría si el valor de C fuera cero?. Ya que la respuesta desde las reglas de la matemática, es que la expresión no tendría solución. Sin embargo, a su afirmación el mismo planteó que en este caso, la expresión podría tener una excepción, debido a que por precaria que esté la situación de un individuo, ecosistema, ciudad etc., siempre existen capacidades, que pueden tender a cero, pero nunca podrán ser cero.  

Es así como este factor C en el denominador juega un papel muy importante en la valoración del riesgo de desastre, así como en su reducción. Como C nunca podrá ser cero, porque siempre existen capacidades, así sean mínimas, esta operación siempre se podrá realizar. En la medida que C sea grande, el resultado de la división se reducirá, un factor importante a favor en la valoración y la reducción del riesgo de desastres.  Si se tratara de explicar esta expresión de manera didáctica a modo de “teorema del riesgo”, sería:

En la expresión R=(A x V)/C, siendo A, un suceso de cualquier orden: natural, socio-natural y/o antrópico, del que se conocen sus factores condicionales para que esta se manifieste, estos son: probabilidad, cobertura, duración, magnitud y frecuencia. Siendo V, unas condiciones dadas de predisposición a ser afectado por una amenaza esto es: fragilidad y exposición. Sea C, el que define las capacidades o resiliencia de los elementos expuestos a la amenaza, estas son: físicas, financieras, humanas, naturales, tecnológicas. En el denominador de la expresión, C como factor que divide a (A x V), siempre será distinto de cero (0). En la medida que C se hace grande, R se hace se reduce.  Entonces el riesgo se puede definir como: R: es el riesgo de desastres o pérdidas potenciales por desastres, A: es la amenaza o peligro, V: es la vulnerabilidad o la debilidad, C: es la resiliencia o capacidad.


Al intentar realizar una aproximación a la estimación del riesgo de desastres con la expresión aritmética presentada: R=(A x V)/C, la posición de C en el denominador como divisor, constituye una condición favorable hacia la reducción del riesgo de desastres. Es una manera de resignificar el valor real que tiene el fortalecimiento de la resiliencia o capacidades de los territorios para hacerle frente a la adversidad. Esa posición sustenta la importancia de integrar la resiliencia en los procesos de desarrollo y la reducción de riesgo de desastres, así como todas las campañas, programas y proyectos que hay alrededor de ellas. Implica dar  valor a las capacidades, en la práctica poco conocidas, en contraposición a las debilidades ampliamente aceptadas y reconocidas.

En la medida que el denominador representado por el factor C, sea más grande, como ya se sabe, desde las regla de la aritmética, el riesgo de desastre se reducirá. No es posible hoy en día estimar el riesgo, si además de tener en cuenta las amenazas y las vulnerabilidades, no se valoren las capacidades. Muchas de las soluciones a las problemáticas actuales del riesgo y el desarrollo como temas de una misma agenda, pueden encontrarse en el fortalecimiento de las capacidades. A diferencia de la vulnerabilidad que es la parte negativa del riesgo, la resiliencia es su parte positiva.

Según la ONU 2016[1]  la resiliencia es la: 


Capacidad que tiene un sistema, una comunidad o una sociedad expuestos a una amenaza para resistir, absorber, adaptarse, transformarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficiente, en particular mediante la preservación y la restauración de sus estructuras y funciones básicas por conducto de la gestión de riesgos. 

El concepto ratificó la definición dada por ONU en 2009 y se complementó con la frase final: “por conducto de la gestión de riesgo”.

En este escenario la gestión del riesgo de desastres toma más sentido, en la medida que no solo es intervenir el riesgo  mediante  el control de algunas amenazas. Tampoco el de reducir únicamente vulnerabilidades como se hacía en el pasado, sino que también es necesario hacerlo desde la resiliencia. El futuro de la gestión del riesgo de desastre está en trabajar con esa palabra de moda y difícil de pronunciar: “la resiliencia”, pero que desde su aplicación práctica posibilita la transformación de la realidad.


[1] En el informe del grupo de trabajo intergubernamental de expertos de composición abierta sobre los indicadores y la terminología relacionados con la reducción del riesgo de desastres de 2016, de la Asamblea General la ONU presentado en la Quinta Plataforma Global de Reducción del Riesgo de Desastres, realizada en mayo de 2017 en Cancún México

LA RESILIENCIA FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO

Ing. Civil & Magister en Educación
Gerente General Soluciones Resilientes

En la actualidad la humanidad enfrenta uno de los grandes desafíos de los últimos tiempos: el cambio climático. Independientemente de las posturas científicas y políticas que defienden o atacan su existencia, a escala global se están experimentando diversos impactos asociados a la climas extremos, de frío o calor, de generación de tormentas tropicales que se convierten en huracanes que se salen de la escala de medición existentes, el aumento del nivel del mar por el descongelamiento de los glaciares, entre otros efectos. A esto se le suma el aumento de la exposición y fragilidad de las ciudades asociado a acelerado crecimiento urbano sin planificación y el deterioro de los ecosistemas. 

El impacto económico de los desastres se está incrementando de manera exponencial, y se expresa en cifras que asombran. Aunque las pérdidas de vidas asociada a la ocurrencia de eventos climáticos se ha reducido en las últimas dos décadas por la existencia de sistemas de alerta temprana, las proyecciones sobre las pérdidas por desastres futuros son cuantiosas. Los territorios insulares son los más afectados por estar al nivel del mar. 


El cambio climático es una realidad. Lo anterior es un campanazo de alerta para tomar las medidas necesarias para hacerle frente a esta problemática global que impacta lo local. La sola ocurrencia de un evento climático puede enviar "ondas expansivas" que pueden afectar la continuidad de los negocios territoriales.


Ante todos estos retos que desafían la supervivencia de comunidades, ciudades o incluso países, la construcción de resiliencia es la mejor alternativa. Esta constituye el camino propicio para fortalecer las capacidades de los países (gobiernos nacionales y gobiernos locales) y de sus ciudadanos para enfrentar y recuperarse de las crisis. 
Conocer para resistir y permanecer, adaptarse positivamente y no conformarse; prepararse para afrontar y recuperarse rápidamente transformando la realidad que generó la crisis, son los cuatros procesos necesarios para crear y re-crear la resiliencia frente al cambio climático. Estos aspectos se explican a continuación:

1-Conocer para resistir y permanecer. Implica la construcción de escenarios de riesgos climáticos en donde se identifican amenazas y vulnerabilidades, se estima el riesgo en términos de pérdidas potenciales, se monitorea y se comunica. Esto hace parte de la gestión prospectiva del riesgo (evitar que se generen nuevos riesgos)

2-Adaptarse positivamente no conformase. Hay dos formas de adaptase a una situación: una negativa, caracterizada principalmente por una actitud de negación, indiferencia y conformismo (estrategia "de hacerse el loco"). Y una positiva, caracterizada por una actitud de cambio y de no conformismo, con soluciones creativas e innovadores (estrategia "de hacer lo mejor que se pueda"). Esta hace parte de la gestión correctiva o compensatoria del riesgo (reducir los riesgos existentes).


3-Preparase para afrontar. En este componente se fundamenta una decisión y aceptación consciente de los impactos del cambio climático y su manera de afrontarlos. Implica desarrollar acciones de preparativos para enfrentar posibles emergencias, el fortalecimiento de estrategias de evasión de los fenómenos climáticos potencialmente peligrosos, mediante los sistemas de alerta temprana. Así como definición de planes de emergencia y contingencia. Esta hace parte de la gestión reactiva del riesgo (preparación y  respuesta efectiva). 


4-Recuperarse rápidamente y transformar la realidad que generó la crisis.  De ocurrir el desastre implica realizar de manera eficiente el proceso de recuperación. Aquí es clave establecer planes de recuperación anticipados que puedan facilitar el camino hacia una reconstrucción sostenible. Esta hace parte de gestión evolutiva y transformadora (reconstruir mejor).


Finalmente y haciendo alusión a la frase de Gustavo Wilches: "El problema no es que llueva más sino las goteras que tenemos en el techo". Podríamos decir que el problema no es solamente es cambio climático, sino las condiciones de exposición y fragilidad existentes asociadas a  una construcción social. Por ejemplo, se pueden tener dos casas una al lado de la otra, construidas en la misma época, con un diseño similar, pero con dos dueños diferentes, uno que le hace mantenimiento al techo y otro que no. Es obvio que el mayor impacto después de un fuerte aguacero lo tendrá aquella casa que tiene goteras por falta de mantenimiento. 


Como un acto de creación, la resiliencia emerge como propiedad de una construcción individual y colectiva en la cotidianidad de la vida. Esto se evidencia en el aumento de su resistencia,  asociado al hecho de conocer, adaptarse y prepararse, es decir hacerse menos frágil para afrontar las crisis. El nivel de resiliencia o de capacidad aumenta en la medida que somos menos vulnerables, es decir con menor exposición y fragilidad.

De otra parte como un acto de re-creación, la resiliencia se pone a prueba como propiedad emergente de la capacidad de recuperarse de manera rápida y eficiente en el menor tiempo posible y con menor traumatismo posible. El nivel de recuperación después de una crisis individual y/o colectiva, es inversamente proporcional al grado de preparación para afrontar.

PYMES RESILIENTES: Una solución innovadora para hacerle frente a las crisis

Ing. Civil & Magister en Educación
Gerente General de Soluciones Resilientes
“El riesgo puede encararse de tres maneras distintas, con NEGACIÓN, con INDIFERENCIA o con CAMBIO… el reto es la capacidad de decidir sobre unas condiciones de inseguridad que nosotros mismos hemos producido” (Ulrich Beck)

Según el informe de evaluación global del riesgo de desastres GAR - 2013 de UNISDR, envía una señal de alerta al sector empresarial, para que desarrollen inversiones sensibles al riesgo, que garanticen la continuidad de los negocios, sus operaciones y la seguridad de los entornos donde estos están asentados frente a la ocurrencia de desastres. Naciones Unidas estima que los costos potenciales de futuros desastres en el sector empresarial están subestimados, estos podrían alcanzar la cifra en más de 180 mil millones de dólares. Actualmente en el ámbito internacional las pérdidas en el sector empresarial son 50% más de lo que se pensaba. 

Las cadenas de valor y de suministro de las empresas podrían sufrir graves consecuencias, por la materialización de eventos naturales, socio-naturales, antrópicos y tecnológicos en desastres, cuyos impactos afectan la seguridad y sostenibilidad de los negocios, su reputación y la confianza en el mercado de clientes, proveedores y consumidores. El riesgo de desastres no se detiene en la puerta de la fábrica.

Las pequeñas y medianas empresas - pymes en países en vías de desarrollo son las que facturan mayor cantidad de dinero en relación con grandes empresas, generan millones de empleos directos e indirectos; sin embargo estas empresas a las vez, presentan mayor exposición a sufrir pérdidas, con procesos de recuperación más lentos, debido a sus condiciones de exposición y fragilidad para hacerle frente a las crisis.  Es decir son poco resilientes. Una vez que se pierde un negocio, es posible que este no vuelva a recuperarse nunca.

Sin embargo esta situación puede mejorarse si se comprende y aplica la gestión del riesgo de desastres como una oportunidad para la continuidad de los negocios. Invertir en Resiliencia empresarial para enfrentar las crisis: Resistir, Adaptarse, Prepararse y Recuperarse, es el mejor negocio. Esto aumenta la confianza en los mercados existentes y abre otros nuevos, reduce costos y pasa de un riesgo compartido a un valor compartido, para hacer negocios más Seguros, Competitivos y Sostenibles. Además mejora la toma de decisiones para realizar inversiones sensibles al riesgo, así como la definición de mejores estrategias de respuesta y recuperación en caso de desastre.

La protección financiera asociado a una mayor cobertura de los seguros, el control, evasión o elusión de los peligros, el aumento de resistencia y redundancia funcional de la infraestructura, así como y los preparativos en las empresas, reducirían pérdidas directas y los impactos en las cadenas de suministro. Es decir las empresas para hacerle frente a las crisis y recuperarse rápidamente deberían tener un Plan A, B y C. En América Latina menos del 15% de las empresas con menos de 100 empleados, cuenta con un plan de continuidad de negocios o de gestión de las crisis.

Los negocios que conocen sus riesgos, invierten en la reducción de los mismos y se preparan para afrontar las crisis de manera anticipada, aumentan su seguridad, permanencia, sostenibilidad y competitividad en un mundo globalizado, con múltiples incertidumbres y escenarios de riesgo. La apreciación del riesgo, su tratamiento y el manejo de incidentes son los tres elementos claves para garantizar la continuidad de los negocios

Soluciones Resilientes viene promoviendo en las Américas su Programa de Asistencia Técnica y de Formación: pymes resilientes, el cual busca motivar a las empresas medianas y pequeñas a prepararse para hacerle frente a las crisis, desde una planificación anticipada de acciones de conocimiento del riesgo,  la reducción del riesgo y el manejo de desastres para la continuidad de los negocios en un clima cambiante, soportadas en la legislación de los países y en las normas internacionales ISO 31000, ISO 31010 y ISO 22301.

La volatilidad de los mercados, las incertidumbres macro-económicas y políticas del mundo actual, así como el incremento de pérdidas asociadas a la materialización del riesgo en desastre, obliga a las pymes a asumir mayores responsabilidades con sus grupos de interés, para garantizar la continuidad de los negocios.  

Una comprensión integral que la inversión en resiliencia es el mejor negocio, esto permite mejorar el desarrollo de las capacidades empresariales para hacerlas más competitivas, reduciendo sus incertidumbres en un mundo en riesgo, para poder resistir, adaptarse, prepararse y recuperarse de manera eficaz y eficientemente.

Cinco acuerdos globales un propósito común: la resiliencia

 
Por: Henry A. Peralta
Ing. Civil & Magister en Educación
Gerente General Soluciones Resilientes
Históricamente el concepto de resiliencia ha sido usado por diversas disciplinas,  como las ciencias naturales, las ciencias sociales y las ciencias aplicadas, entre otros, para explicar la capacidad que tiene un objeto, elemento o sistema para resistir, adaptarse y recuperarse de manera eficiente frente a una de crisis.

Sin embargo puede darse un sesgo aplicado a lo social cuando se habla de que una sociedad sometida a una crisis se recupera y vuelve a la “normalidad”. Volver a la normalidad significa volver al estado inicial que genero la crisis, por eso es necesario hablar mejor de procesos de recuperación que permiten transformar la realidad que genero la crisis, surgiendo fortalecido.

Adoptado y adaptado el concepto de resiliencia a las problemáticas del riesgo y el desarrollo actuales, este viene siendo usado por diversas organizaciones internacionales y gobiernos, que haciendo alusión al concepto promueven acciones, proyectos, programas y campañas mundiales.

Sea cual sea su uso, el concepto de resiliencia, aún es poco entendido en su integralidad y se ha convertido en la palabra de moda. Este concepto, que para algunos, es hasta difícil de pronunciar,  desde una mirada holística, se constituye en el nuevo paradigma del liderazgo del Siglo XXI.

Si en los años noventa el paradigma que se propuso demostrar y romper la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres de América Latina fue que “Los desastres no eran naturales”,  el nuevo paradigma en la actualidad es la Resiliencia.

Es un hecho que el paradigma que Los Desastres No son Naturales ha podido ser demostrado ampliamente y sustentado con datos, aunque todavía existen muchas personas y organizaciones que aún están en el pasado.

La resiliencia, que como concepto y nuevo paradigma, es necesario comprender y explicar, para llevar a la práctica, desde un enfoque integral y sistémico, la reducción del riesgo de desastres en el marco de un desarrollo sostenible, en un mundo con clima cambiante y de graves crisis humanitarias. 

Cinco acuerdos mundiales, son los que consideramos los más importantes, como eje fundamental para hacer de la resiliencia la clave del liderazgo del siglo XXI. Estos se establecieron entre los años 2015 y 2016, con el fin de dar respuesta a la problemática de desajuste de la sociedad-naturaleza y sociedad-sociedad.

En 2015: Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015 – 2030, en Sendai (Japón); Objetivos de Desarrollo Sostenible - ODS en New York (USA) y los Acuerdos de Cambio Climático – COP21 en París Francia. En 2016: La Cumbre Mundial Humanitaria en Estambul (Turquía) y Hábitat III  con la nueva agenda urbana en Quito (Ecuador)

Cinco escenarios de encuentros globales, expresan el compromiso de los líderes mundiales para realizar todos los esfuerzos necesarios para hacer realidad estos acuerdos.  A pesar de que aparentemente estos acuerdos responden a unas lógicas e intereses particulares de gobiernos y organizaciones internacionales, a mi parecer buscan un propósito común: la resiliencia.

Así como todos los caminos conducen a Roma, podemos decir entonces que todos los caminos deberían conducir a la resiliencia, indistintamente el camino que se tome, por la marcada especialización temática, es necesario que estos caminos se crucen y se articulen desde una visión sistémica, cuyo eje principal es comprender el riesgo y el desarrollo como temas de una misma agenda.

Sin embargo a pesar de las “diferencias temáticas” existentes, los cinco acuerdos están finalmente orientadas en fortalecer diversas capacidades, es decir la resiliencia de pueblos y naciones para hacerle frente a los retos y desafíos (riesgo y desarrollo) que hoy constituye la modernidad, en un mundo globalizado e interconectado.

Tanto “desastrólogos” como “riesgólogos”, “desarrollistas”, “urbanistas” “ambientalistas”; “climatólogos” y “humanitarios” deberían entender que si hay algo que puede unir y articular como lo hace una bisagra a una puerta, es la resiliencia, como un concepto y práctica, que se construye en y desde la cotidianidad.  

Como el espacio de dialogo para encontrar puntos comunes de reflexión-acción-reflexión-acción que nos permitan cambiar nuestros modelos mentales, romper y/o construir viejos y nuevos paradigmas respectivamente, para la toma de decisiones en beneficio de la humanidad, para desde lo global a impactar lo local y viceversa.

La resiliencia puede convertirse en la mejor disculpa para articular lo que ha estado siempre desarticulado, riesgo y desarrollo, temas que han sido culturalmente discutidos y aplicados de manera aislada. 

Es la palabra que convoca, que motiva, que permite el encuentro de diversas disciplinas en torno a un propósito común, la protección de la vida. Es una invitación  al fortalecimiento de nuestras propias capacidades y las de otros para hacerse fuerte a la adversidad y enfrentar la cotidianidad de la vida, así como los tiempos de crisis. Es el elemento articulador que faltaba entre el riesgo y desarrollo  para que estos realmente sean  temas una misma agenda.

viernes, 30 de marzo de 2018

¿DE QUÉ ESTAMOS HECHOS?: LA CURVA ESFUERZO-DEFORMACIÓN PARA COMPRENDER LA RESILIENCIA


Por: Henry A. Peralta
Ing. Civil & Magister en Educación
Gerente General Soluciones Resilientes

“Conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones. Si uno consigue conocerse a fondo a sí mismo, sabrá comprender a los demás y la realidad que lo rodea”.

Alejandro Magno.

Una de las actividades que como ingeniero y educador me llenan de satisfacción, es  comprender la esencia de las cosas para compartir con otros este conocimiento de manera sencilla. El objetivo es ayudar al crecimiento personal y organizacional, mediante la explicación de lo complejo a través de la comprensión de la esencia de las cosas.  Es así como me he dedicado en los últimos años con entusiasmo, motivación y gran intensidad a explorar, potenciar y promover el concepto de resiliencia desde un enfoque integral, más para la vida, que para el desastre. Esto último, la resiliencia para el desastre como normalmente es concebida todavía por muchas personas e instituciones en el campo de la reducción del riesgo. No se trata simplemente de adoptar una palabra de moda, acuñar un concepto y sumarlo a nuestro discurso, sino de reflexionar críticamente en su significado y significante.  


Paulo Freire, educador popular brasilero afirmaba, que: Cuando Dios dijo: “Nombrarás las cosas”, en el libro del génesis, él dijo: “Transformarás el mundo, para que puedas dar nombres a las cosas”. Lo anterior significa que los seres humanos podemos darle sentido a las cosas. Lo cual implica una comprensión del contexto social, político, económico y ambiental, en el momento histórico en el que suceden  o cuando hacemos que ocurran. 


La palabra resiliencia por sí misma, puede ser un concepto vacío, si nosotros no la llenamos de contenido. Si no hay una reflexión profunda de lo que significa o podamos hacer que signifique, la resiliencia no pasará de ser simplemente una moda, que muchos critican, otros adoptan, pero que muy pocos reflexionan sobre su verdadero sentido. Son los individuos y la sociedad en su conjunto los que posibilitan hacer de este concepto, una palabra poderosa para transformar la realidad.  Somos nosotros los que incidimos para que pasen las cosas y tomen realmente el valor que se merecen.


Poder conectar a los individuos y a las organizaciones con el concepto de resiliencia ha sido un gran reto que he decidido asumir. Son muchas las posiciones escépticas alrededor de la aplicación del concepto. Esta actitud es muy común cuando nos enfrentamos a algo nuevo y desconocido. Lo más fácil es decir no estoy de acuerdo con el concepto, ir en contra, sin propiciar la reflexión o plantear una propuesta. La resistencia al cambio y el pesimismo están a la orden del día.


Para hacerle frente a esta situación y dar valor a la resiliencia, es necesario estar dispuestos a salirnos de nuestra zona de confort, romper paradigmas y cambiar los esquemas mentales, producto de las escuelas de formación o de pensamiento en las que nos hemos formado o deformado. Sin embargo, son muchos los optimistas que empiezan a creer en el poder del concepto de resiliencia, como la mejor disculpa para articular riesgo y desarrollo como temas de una misma agenda. Llenarla de contenido desde una perspectiva integral es el gran desafío.


Este artículo adicionalmente, pretende explicar la resiliencia desde el comportamiento de los materiales, es decir desde sus propiedad físicas para soportar esfuerzos, haciendo una analogía con la vida cotidiana. Haciendo uso del lenguaje desde la ingeniería de los materiales, se intenta manera didáctica resolver la pregunta: ¿De qué estamos hechos?, mediante la explicación de la curva esfuerzo – deformación, usada para analizar las propiedades de un material sometido a esfuerzos.


En el campo de la ingeniería se le denomina resiliencia a la capacidad que tiene un material para resistir y absorber cargas o fuerzas, deformarse sin romperse, recuperando su forma original cuando la carga aplicada se suprime.Un material cualquiera puede estar sometido durante su vida útil a cuatro tipos de fuerzas que tienen capacidad de deformarlo. Estas son: fuerzas de tensión, compresión, de corte o de torsión. 

Así como los materiales, los seres humanos a lo largo de la vida están sometidos a múltiples fuerzas o cargas, que vienen en diversas direcciones, unas nos estiran, otras nos comprimen, otras tratar de partimos por la mitad y otras nos tuercen. Lo que sí es claro que cualquier carga que se aplique, tanto en los materiales como a las personas siempre causan un efecto. Este se conoce como deformación.  Es ahí donde es necesario conocer de qué estamos hechos, para deformarnos sin rompernos.


La deformación en un material se define como el cambio de longitud a lo largo de la línea de aplicación de la fuerza, es decir cuánto se alarga o se acorta. Por ejemplo, una varilla de acero sometida a un estirón sufre una deformación de “alargamiento”, mientras sometida a compresión sufre una deformación de “acortamiento”. En ingeniería de materiales al estudio de la reacción de los mismos a las cargas o fuerzas a las que son sometidos se les denomina esfuerzo. Este último, se define como la cantidad de fuerza aplicada sobre un área determinada. A mayor área sobre la cual se aplica una fuerza, menor será el esfuerzo que tendrá que soportar el material. Esto es una medida de su resistencia.


En la vida real, se puede asociar a la suma de capacidades construidas previamente para soportar cargas o fuerzas. A mayor capacidades, menores esfuerzos  y menor deformación, por ende mayor resistencia a las crisis. Menores capacidades, mayores esfuerzos y mayores deformaciones, es decir menor resistencia a las crisis. En ingeniería de materiales es posible dibujar una curva a la cual se le denomina esfuerzo-deformación. Esta presenta el comportamiento de un material sometida a diversas cargas durante un periodo de tiempo.


Es así como el comportamiento de los materiales para resistir los esfuerzos tiene generalmente dos fases. Una fase elástica donde el material deformado es capaz de recuperar su forma original sin llegar al límite de su resistencia, es decir al punto de falla o de rotura. Esta capacidad de resistir y deformarse sin romperse es lo que se denomina resiliencia. Por analogía, las experiencias humanas también pueden poner a prueba la resistencia interior frente a determinadas fuerzas y atravesar así mismo, lo que podría interpretarse como una fase elástica y una plástica.


En el caso de un material la deformación elástica es reversible y no permanente, esto es comparable con la superación de las crisis cotidianas como por ejemplo el dolor, o  la pobreza. En estas circunstancias a pesar del sufrimiento, puede no darse un desajuste social o familiar severo y recuperarse la cotidianidad. Por lo general, las situaciones límites a las que están expuestas las personas en la cotidianidad de la vida son llevaderas, con base en valores internos como la fe y la esperanza. Es en esta “fase elástica” de la sociedad, donde surge el proceso de construcción de la resiliencia como una capacidad.

Sin embargo, cuando el material supera su capacidad de deformación y llega a su límite de resistencia, éste falla, es el estado límite. Sin embargo, existe un proceso intermedio antes de que esto suceda, el cual se encuentra entre la fase elástica y el punto de rotura. Esta es la fase plástica. Es ahí donde sucede el proceso de recuperación, donde los seres humanos tienen la oportunidad, para levantar vuelo y reorientar su existencia, teniendo en cuenta que ya no se es el mismo de antes, es un ser que ha sido "deformado".


En los materiales, se pasa entonces a una fase plástica donde queda una deformación total y no puede volver a su forma original. Este punto de inflexión entre la fase elástica y la fase plástica se denomina en la vida de los seres humanos: crisis.  Cuando se sufre una “deformación plástica”, se evidencia una afectación permanente y sin retorno a lo que se conoce como la “normalidad”, en donde quizás no se puedan recuperar las dimensiones originales de la vida cotidiana. Es justo en ese escenario donde se recrea la resiliencia para la transformación. Es en este momento de “deformación social” que puede emerger la resiliencia para ser recreada y puesta en valor con su verdadera esencia. Para experimentar de forma real el vínculo afectivo entre sociedad –sociedad y de esta con la naturaleza. 


Desde la perspectiva humana, es en esa “fase plástica” donde es posible construir nuevas fortalezas hacia un proceso de adaptación positiva y de transformación que permita cambiar la realidad que generó la crisis. Después de una crisis nunca se vuelve al mismo punto; tal como decía el filósofo griego Heráclito: “Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”.


La resiliencia en la sociedad está presente tanto en la “fase elástica” como en la “fase plástica”. La diferencia entre ambas radica en que la resiliencia se crea en la fase elástica como proceso continuo de conocer, adaptarse y preparase. No sólo para enfrentar las situaciones cotidianas, sino también para las crisis. Estas últimas, son el punto de inflexión hacia la fase plástica en donde se recrea la resiliencia, si su construcción se ha realizado desde la fase elástica.


La curva esfuerzo-deformación, permite identificar donde se crea y se recrea la resiliencia. La primera en la fase elástica y la segunda en la fase plástica. Lo importante de esto, es no pasar de la fase plástica al punto de rotura, que es cuando el material falla definitivamente y no hay manera de recuperarse.  No obstante antes de este estado límite de rotura, los materiales tienen dos propiedades de resistencia residual, que son la ductilidad y la tenacidad, que pueden prolongar su vida útil, así este deformado. La ductilidad tiene que ver con la cantidad de deformación que puede adsorber y la tenacidad con la fuerza que puede resistir. En la vida cotidiana estas dos propiedades pueden emerger de manera individual o conjunta, lo que se evidencia en la capacidad de los seres humanos para luchar hasta el fin.


Se trata entonces de conocer y reconocer ¿de qué estamos hechos? y elaborar nuestra propia curva esfuerzo-deformación, en función de nuestras fortalezas y debilidades. Así como los materiales poseen unas características internas físicas, mecánicas y químicas que le dan un nivel de resistencia, los seres humanos tienen capacidades que les permiten enfrentar esfuerzos y soportar deformaciones para hacer frente a su propia existencia.